Las creencias son ideas que nos hacemos acerca de las cosas, personas, situaciones o sobre nosotros mismos. Las creencias 'sexuales' son las ideas con las que nos explicamos cómo son las cosas que están vinculadas a nuestra sexualidad o a la sexualidad de los otros. Las creencias actúan a modo de esquemas mentales con los que interpretamos y damos significado a nuestro entorno.
Ciertas creencias sobre el comportamiento de la mujer y el hombre, están basadas en un conjunto de ideas o datos que hemos aceptado de forma más bien acrítica, y que nos ha sido transmitido por nuestra experiencia y la información. Por poner solo algunos ejemplos, entre este tipo de información o de nociones nos encontraríamos con:
Todas estas ideas conforman un tipo de creencias. A veces cada idea, es en sí misma una creencia. El modo en que adoptamos o construimos nuestras creencias puede ser más o menos consciente, más o menos crítico, más o menos documentado, por lo tanto más o menos acertado, "científico" o contrastable.
La realidad diaria, nuestra relación con ella, está plagada de actos nuestros y de los demás, en los que esas creencias actúan de forma automática, sin que seamos conscientes de ello. El problema radica en que muchas veces esas actitudes que adoptamos respecto de algunos temas, no se corresponden con una razón demostrable, sino con una creencia irracional que nos hace actuar también irracionalmente.
Las creencias irracionales dificultan nuestra relación con nosotros mismos y con los demás, incorporando elementos negativos y limitaciones a la comunicación y a las actitudes que tenemos.
Por ejemplo, si creemos que la felación es un acto depravado, o sucio, o que no es sano para quien lo hace, nuestra actitud será de rechazo y probablemente nos inhibamos de realizarla, o bien lo hagamos transigiendo con las peticiones de nuestra pareja sexual, pero a desgana y con muchos reparos.
En cualquier caso las consecuencias son negativas, porque nuestro comportamiento no será natural, no disfrutaremos, nuestra pareja no disfrutará tanto si sabe que no es un gesto placentero y, además, nos quedará una sensación ingrata e incomoda que se incorporará a nuestra próxima experiencia similar, para la que anticiparemos un cierto rechazo.
Por lo tanto, revisar las creencias, por medio de literatura, documentación, consulta a profesionales, etc., es un buen sistema para ampliar nuestros conocimientos, actualizarlos, adaptar nuestras ideas a la realidad y despojarnos de prejuicios e ideas irracionales.
Todas estas creencias y muchas más que anidan en nuestro pensamiento, actúan con una eficacia enorme, impidiendo una vida sexual satisfactoria, libre, amplia y gratificante. Es muy importante que vayamos desmontado ese tipo de creencias, contrastando nuestras ideas con las de otros, documentándonos, comprobando la veracidad de las mismas, informándonos en diversas fuentes.
Es importante que adoptemos una actitud crítica hacia lo que consideramos "natural", "normal", "de toda la vida", "lo lógico", etc. Planteándonos cómo ese tipo de actitudes conformistas o acríticas nos está afectando en la posibilidad de vivir nuestra sexualidad más intensamente, en toda su extensión.
©Lola Salinas